Inicia el 2014 y compartimos el deseo de que cada quien en su familia, su pareja, sus amigos y trabajos tenga el ímpetu para realizar sus metas en este ambiente de incertidumbre y crisis generalizada.
 
Nuestras escuelas vienen asumiendo el reto de la transformación educativa para que se justifique su existencia y para que se expanda el pensamiento humanista, ambiental y de crítica social, entre jóvenes y adultos. Así es que nos hemos encaminado en una innovadora estrategia para reducir la reprobación estudiantil y acrecentar el aprendizaje colectivo.
 
Se trata de transversalizar la planeación docente, los contenidos, los objetivos, la enseñanza y la evaluación, es decir, romper la isla, la parcela, el “sistema cerrado” que constituyen las materias o asignaturas en el tradicional desempeño docente.
 
Es una tarea epistemológica porque se trastocan los mecanismos anacrónicos y mecanicistas del conocimiento entre profesores y estudiantes;  es también heurística porque se inauguran vías, relaciones, redes de entendimiento y actuaciones para hacer pertinente el aprendizaje, su evaluación y contenidos; y, es contingente porque responde al devenir cambiante e inédito de la realidad escolar cuyo contexto es de desórdenes estructurales.
 
Nadie hay que nos enseñe con manuales o determinaciones superfluas para alcanzar nuestro propósito: reducir la reprobación en 50 por ciento  e incrementar el aprovechamiento en dos puntos. Tenemos todo por hacer e inventar. Es imperativa la comunicación, el consenso, la inclusión, para configurar caleidoscopios diversos de experiencias curriculares.
 
He aquí la tercera etapa de la Metodología 55 nacida en 2003, que acomete el desafío de los tiempos ejerciendo praxis crítica del modelo educativo dominante y construyendo el legítimo camino  de nuestra historia.
 
Salud, alegría y esfuerzo.
 
Oscar Hernández Neri

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